28 marzo 2010

Domingo

"Buenos días, linda criatura de la naturaleza, ¿cómo amaneciste?", dijo él abrazándola por detrás. Reconoció en su cuello el aroma de los gestos de la noche y hundió la nariz en la mata de pelo. "Soñé mucho, pero he dormido bien." "¿Qué soñaste?", le besó poco a poco la base de la nuca por si algo la inquietaba todavía. "No recuerdo bien, era un sueño muy raro... Estaba en una tienda y no sabía qué había ido a comprar, todo era blanco. Entonces apareció un niño con un globo y me lo dio, luego se dio la vuelta y ya no estaba." Él la escuchó y el rumor de su voz lo adormeció, y se metió él también en el sueño, y se convirtió en el niño del globo. "Voy a hacer café." "No, quédate un poquito más", imploró. "Bueno." Ella frotó sus pies contra sus empeines, luego le rascó las plantas con las puntas de los dedos para hacerle cosquillas, sabía que eso lo espabilaría. "¿Te apetece que bajemos a la playa?" "Sí, y luego comemos donde Tono." "Vale, me parece bien." Y siguieron abrazándose y luego se besaron, mientras afuera empezaba un nuevo día.