Una mañana se despertó y nada más abrir los ojos, aún en la cama, envuelto en el calor del sueño, se dio cuenta de que durante toda su vida había sentido malestar y que de eso había hecho una costumbre. O un vicio. De un pensamiento fue saltando a otro y de pronto entendió que ese dolor no sólo lo había sentido en su fuero interno, sino que lo había transmitido a los demás, especialmente a las personas más cercanas, a las más queridas. Cada vez que eso había sucedido algo le había dicho que no estaba bien, pero no hizo nada. No supo. No pudo. O no quiso. Se dejó llevar por sus demonios, sin más. Hizo daño a conciencia. Súbitamente sintió frío y un espasmo en el vientre lo lanzó al vacío. Se revolvió en las sábanas, se tapó la cabeza con el cobertor, cerró los ojos y deseó que se detuviera el tiempo. Ya nada podía cambiarse. No podía volver atrás, no iba a haber otra oportunidad. La vida no es como una cinta de vídeo, no se puede rebobinar. Abrió los ojos; empezaba un nuevo día. Hacía un tiempo había quitado los espejos de la casa. Eso ahora ya no le servía de nada, era demasiado tarde.
EXPOSICIÓN EN LA FERIA DE ARTE
-
Si aún no te has pasado por la Feria de Arte de la Fundación Caja Rioja
Gran vía 2 de Logroño...
Aún estás a tiempo!
Nos quedan 2 días de feria!
Estaré est...
Hace 5 años