04 noviembre 2009

Nubes

Las palmeras silbaban con el viento. Soplaba del norte. Estuve un rato sentado en un banco mirando el atardecer, no me apetecía volver a casa. Por el mar se aproximaban unas nubes esponjosas. Blancas, luego rosas, azul claro, gris perla. Caía la noche sobre la ciudad y el otoño se me colaba por los bajos del pantalón, por la cremallera de la chaqueta. Sabía lo que me esperaba al llegar, haría los mismos gestos automáticos de cada día. Sacar el llavero del bolsillo, introducir la llave en la cerradura, una bofetada de tabaco rancio al entrar, encender el ordenador, tirar de la cadena del váter y mear. Luego me echaría en la cama, miraría algo de porno y, después, me quedaría dormido. Las estaciones se sucedían sin muchos cambios, sólo los justos y necesarios. Los fenómenos meteorológicos, el cambio de hora y poco más. Encendí un cigarrillo y lo apuré en unas pocas caladas, la humedad se me había metido hasta los huesos.