07 julio 2009

Pagaba por trabajar

Con la precariedad no me dio tiempo de denunciar que pagaba por trabajar. No, no ha sido un lapsus. Lo lógico es que a uno le paguen por trabajar. En mi caso era al revés. Cuando una reconocida editorial propone a un colaborador traducir un cuento para niños del francés al catalán y al castellano por 30 euros (brutos), el colaborador está pagando por trabajar. Lo mismo sucede cuando otra reconocida editorial que publica guías de viaje no sube las tarifas a sus colaboradores en cinco años. Ahora me viene a la cabeza el dicho aquel de “no muerdas la mano que te da de comer”. Luego lo pienso bien y me doy cuenta de que a mí las editoriales no me dan de comer, sino que se ponen las botas a mi costa. Qué más me da contar que la editorial del cuento es MacMillan, si desde que le dije a la editora que ni hablar de traducir un cuento por ese importe no me ha vuelto a encargar nada. Tampoco me importa denunciar que la editorial de las guías de viaje es GeoPlaneta, a los que les expliqué por escrito que el hecho de no subir las tarifas con el IPC anual a los colaboradores externos, algo que tanto beneficia al Grupo Planeta, tiene un nombre muy feo: explotación. Obviamente no me han vuelto a llamar. Pero no me importa. Yo ya no trabajo para explotadores. Ya no acepto lo que nadie debería aceptar, por solidaridad con los compañeros y compañeras de profesión. Antes pagaba por trabajar. Ahora que tengo tiempo, lo denuncio.

Barcelona, 7 de julio 2009, San Fermín